Usá premios para fomentar la conducta deseada



Los premios, cuando los chicos son chiquitos, suelen resultar excelentes motivadores para fomentar la actividad deseada. Así, si le está costando hacer pipí en la pelela -o está recién aprendiendo- recurrir a premiar cada vez que avisa y logra hacer en el lugar adecuado, resulta para lograr el objetivo.


Premiar cuando estás intentando instalar cualquier otro hábito con los chicos también suele ser buena idea.


Para que sea eficaz, el premio tiene que ser inmediato y algo interesante para ellos.

Una moneda de chocolate o un par de caramelos pueden hacer maravillas para lograr el hábito deseado.


Una vez que el hábito se instaló ya no será necesario recurrir a los premios para lograr el objetivo propuesto.


Las recompensas físicas acompañan al elogio por el logro alcanzado, nunca son un sustituto.


No abusar de ellas, usarlas ocasionalmente y con cautela. Siempre empezar por el elogio y recurrir a la recompensa física solo como un refuerzo.



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