La familia en cuarentena

Y de repente la cuarentena se extendió, las noticias angustian, el encierro aumenta, se fue el sol y llueve.



Los padres están preocupados por sus propios padres, familiares y amigos y por momentos desbordados por la cantidad de tareas y situaciones cotidianas a resolver -desde el consabido ¿y hoy qué comemos?- hasta los gritos, las peleas con los chicos, la incertidumbre y el futuro laboral y económico. Hay aburrimiento, ansiedad, preocupación.


Esposos full time inmersos en una rutina sin escapes saludables (cafecitos con amigos, compras, estímulos variados), los padres están cansados.


A veces afloran los malos humores, los reproches, alguna palabra hiriente. A veces el sueño se resiente. A veces se resiente el alma. Los padres están sometidos a un montón de emociones que pueden llegar agobiarlos. Espacios muchas veces pequeños, peleas frecuentes de los chicos y un panorama incierto.


Pero también, junto a todo eso, están los besos pegajosos de los chicos a toda hora que nos alegran el día, sus risas y carcajadas, sus ocurrencias, sus gracias, el verlos sacar afuera sus propios recursos, la alegría infinita de tenerlos...


Todas estas emociones y sentimientos que nos acompañan en esta cuarentena son válidos y reales; reconocer los propios sentimientos y hacerse cargo de ellos es tener buena parte de la batalla ganada. Qué hacer con ellos es la otra mitad de la batalla.


Cada uno responde y afronta la situación con sus propios recursos, con lo que tiene y puede.

La familia Ingalls solo existe en la tele y la Mujer Maravilla y Superman nunca se casaron ni tuvieron hijos.

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