En cada familia un impacto



Hay familias que están piloteando bien la cuarentena, no significa que estén encantados pero pareciera que le están encontrando la vuelta.


Hay otras que no. La extensión de la misma es vivida como un baldazo por muchos motivos, sea económicos, emocionales o situacionales. No todo el mundo tiene la misma capacidad de adaptación y las condiciones de vida pueden llegar a diferir mucho de lugar en lugar, de familia en familia. Sin ir más lejos algo tan básico como disponer o no de un patio, un jardín o un balcón para los chicos en estos momentos puede llegar a cambiar la vida, créase o no.


Es probable que en las familias con dificultades con la cuarentena los chicos lloren más, se peleen más e incluso presenten síntomas que antes no tenían. A esas familias mi abrazo a la distancia y algunas sugerencias que pueden llegar a aliviar la situación de los chicos:

  • No hablar de las penurias enfrente de los chicos. Ellos piensan en concreto y un "se nos acaba la plata" dicho por nosotros, para ellos puede llegar a significar que no haya más comida en la heladera ya.

  • No tener la TV o la radio, las noticias en general, como telón de fondo todo el día. Sobrecargan de estímulos y producen ansiedad en grandes y chicos.

  • Intentar aunque más no sea encontrar una sola cosa positiva al aislamiento, si es que no está alcanzando con la idea de cuidarse para no enfermarse. Hacer el esfuerzo de ver el vaso medio lleno y no medio vacío (por lo menos en algún momento, con cualquier situación) y verbalizarlo, es decir comentarlo de modo tal que los chicos lo oigan.

  • Procurar por todos los medios un mayor reconocimiento y control de nuestras propias emociones. Un ambiente con gritos, peleas y quejas constantes es un ambiente poco saludable emocionalmente para los chicos.

  • Estar atentos a nuestros propios pensamientos negativos -a pensar solo las cosas desfavorables del momento- y a imaginar escenarios catastróficos todo el tiempo. No hacen más que producir sentimientos muy desagradables y abrumadores que se pueden llegar a transmitir a los chicos a través de palabras duras, amenazas, penitencias sin sentido o un estar distante de ellos producto del ensimismamiento en los problemas.

  • Alentar en nosotros y en los chicos la esperanza del reencuentro y de la vuelta a la vida normal. Esto en algún momento terminará, todo pasa.

  • En vez de sentir que "me han quitado mi vida", "me deben un año", pensar que también esta es mi propia vida y que no se ha puesto en pausa. Yo elijo como vivirla y cómo administrar mis recursos para hacer de este momento -un momento de mi propia vida- lo mejor posible.

  • Procurar salirse de la postura "no puedo hacer nada, esto me supera". En una tormenta, para capear el temporal es el capitán (o los capitanes, padres) quien debe encargarse del timón para que el barco no quede a merced de las olas.

Soy consciente que es fácil dar todas estas recomendaciones pero muy difícil llevarlas a cabo cuando uno se siente abatido y abrumado.


Sin embargo, sólo el intento de cambio ya implica un paso importante

y eso ya es mucho en el camino de modificar el clima de la casa pensando en los chicos.

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