Hablar en voz alta para enseñar

Una manera indirecta de enseñar -sin estar todo el tiempo encima de los chicos diciéndoles qué hacer y qué no- es hablar en voz alta mientras realizamos una acción determinada.




Así, cuando nos decimos -e indirectamente les decimos- "voy a doblar la remera y guardarla en el cajón para encontrarla cuando la busquemos" enseñamos el orden sin necesariamente hacer un punto de ello. Lo mismo que cuando decimos "hoy voy a usar paraguas porque llueve" estoy enseñando relaciones de causa y efecto.


Cuando digo "estoy nerviosa porque se me hizo tarde para ir a trabajar" o "¡que triste estoy que se me rompió el espejito que me gustaba!” enseño a expresar emociones y las refiero a situaciones concretas.


"¡Cómo me cuesta tener paciencia para terminar este trabajo!" enseña tesón, del mismo modo que decir en voz alta "esto no me salió bien, voy a tener que practicarlo mucho más".

Acostumbremonos a expresar en voz alta los pensamientos que acompañan nuestras acciones, a hacer explícito nuestro propio diálogo interior. Resulta una buena fuente de enseñanza a la cual los chicos podrán acudir cuando sea necesario.

Eso, también se imita.



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